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Religión

Revelación progresiva: el islam en la profecía judeocristiana

Tom Tai-Seale | Ago 9, 2022

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Tom Tai-Seale | Ago 9, 2022

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¿Es el islam, como sostienen las enseñanzas bahá’ís, parte del plan de redención de Dios para la humanidad? Aunque a algunos occidentales les cueste aceptar esta afirmación, la propia Biblia nos ofrece la mejor prueba.

Así que, antes de emitir ese juicio, debemos considerar lo que dicen el Antiguo y el Nuevo Testamento sobre aquel a quien se le prometió traer la justicia al mundo.

Bajo esa luz, las enseñanzas bahá’ís veneran al Islam y a su profeta, e iluminan la relación entre el judaísmo, el cristianismo y el Islam al decir claramente, como lo hizo Bahá’u’lláh en repetidas ocasiones, que cada uno de los mensajeros de Dios es portador de las mismas enseñanzas esenciales:

Has de saber que, dado que todos los Profetas no son sino una sola alma, un solo espíritu, un mismo nombre y atributo, igualmente debes verlos como si todos se llamaran Muhammad…

Comprender la historia de la religión puede ayudarnos a trazar los paralelismos entre la aparición de sus fundadores. En su Libro de la Certeza, Bahá’u’lláh definió el concepto bahá’í de revelación progresiva comparando favorablemente los mensajes esenciales y los mensajeros de ambas religiones:

Todo observador perspicaz reconocerá que en la Dispensación del Corán fueron confirmados tanto el Libro como la Causa de Jesús. Y en cuanto a los nombres, Muhammad mismo declaró: “Yo soy Jesús”. Él reconoció la verdad de los signos, profecías y palabras de Jesús, y atestiguó que todas provenían de Dios. En este sentido, ni la persona de Jesús, ni Sus escritos han diferido de los de Muhammad y Su Libro sagrado, por cuanto ambos han abogado por la Causa de Dios, han pronunciado Su alabanza y revelado Sus mandamientos.

Echemos un vistazo al fundamento bíblico de esta profunda idea.

¿Quién era el Ungido?

El Antiguo Testamento introdujo el concepto profético de un Ungido -un Mesías- que haría de las naciones de la Tierra la herencia de Dios y de los confines de la Tierra su posesión. El Salmo 29 dice que el Mesías gobernaría las naciones con una vara de hierro y haría pedazos a la oposición como piezas de cerámica. 

Esto se parece bastante a lo que Muhammad, un descendiente de Abraham, hizo en la realidad.

Además, los Salmos también dicen que los reyes de la Tierra serían advertidos de servir a Dios con temor y temblor porque este Elegido podría enojarse en un momento y destruirlos. Esto es lo que se prometió; esto es lo que hizo Muhammad.

El libro de Isaías repitió el tema de que un Ungido vendría a ordenar a las naciones de la Tierra. En los últimos días, dice Isaías 2:4, la Ley saldría de Sión para juzgar a las naciones, reprendiendo a muchos y estableciendo la paz. Si Sión es un dominio celestial, entonces la afirmación de que Muhammad cumplió la profecía es considerable, porque durante su época Muhammad reprendió a las naciones, acabó con la idolatría, defendió al Dios de Jacob y estableció la justicia. 

El libro de Isaías continúa anunciando un juicio feroz contra Judá por practicar supersticiones y unirse a los paganos para adorar la plata y el oro, los caballos y los ídolos. Los intérpretes bíblicos a menudo dicen que Isaías estaba hablando de los asirios y babilonios venideros – pero los asirios y babilonios no juzgaron a Judá por adorar ídolos, ni libraron la tierra de ídolos, ni exaltaron al Señor.  Muhammad sí lo hizo. 

Los versos de Isaías también dicen que el Prometido no debía juzgar por lo que veía ni por lo que oía, sino juzgar con justicia a los necesitados y hacer justicia a los pobres de la Tierra, golpeando la Tierra con la vara de su boca y matando a los malvados con el aliento de sus labios. Esto es exactamente lo que hizo Muhammad. Juzgó con rectitud, hizo justicia a los pobres y las palabras de su boca -el Corán- mataron a los malvados. 

La Biblia hebrea dice, sin embargo, que el Prometido sería un descendiente de Jesé. Si Jesé se refiere al padre de David, entonces Muhammad no puede ser considerado el Ungido. Pero Jesé, también traducido como Isai o en arameo, Iyshay, es una forma contraída de Ismael (el hijo de Abraham y Agar) y Muhammad era descendiente de Ismael.

Profecías sobre Muhammad en el Nuevo Testamento

Los versículos bíblicos que anuncian la venida de Muhammad no se detienen en el Antiguo Testamento; de hecho, se extienden hasta el Nuevo Testamento.

Considere lo que el Libro del Apocalipsis en el Nuevo Testamento dice que sucederá al regreso de Cristo: un niño nacería de la Ley de Dios, una mujer vestida con el sol, con la luna bajo sus pies, y llevando una corona de doce estrellas. Este niño iba a gobernar con un cetro de hierro, tal como vimos en el Antiguo Testamento, lo que implica un gobernante poderoso que castigaría a los malhechores. Esto es lo que se prometió; esto es lo que hizo Muhammad.

Consideremos también la parábola del banquete de bodas del hijo del rey, generalmente entendida como una parábola de lo que ocurrirá cuando venga el Prometido y Dios se case con su pueblo: El rey (Dios) envió mensajeros para invitar a la gente a la boda prometida. Cuando estos mensajeros fueron tratados mal, el rey, dice el Nuevo Testamento, «envió su ejército y destruyó a esos asesinos y quemó su ciudad».  Esto es lo que se prometió; esto es lo que hizo Muhammad. 

La historia del banquete de bodas continúa con los seguidores del Prometido anunciando la llegada de la reunión celestial, el matrimonio de Dios y el hombre en la sociedad prometida de justicia y paz. Pero señala que muchos de los que debían asistir, rechazaron la invitación y se enviaron ejércitos contra ellos. Esto es lo que se prometió; esto es lo que hizo Muhammad. 

El Nuevo Testamento también prometió una condena especial para los adoradores de ídolos al regreso del Prometido. Hay que tener en cuenta que los Quaraysh -el clan que gobernaba La Meca y se levantó contra Muhammad- eran adoradores de ídolos y obtuvieron grandes beneficios promoviendo esta práctica. El Libro del Apocalipsis envió mensajes a las siete iglesias, que en la época de Muhammad formaban parte del Imperio Bizantino que el islam pronto conquistaría.

RELACIONADO: ¿Son las grandes religiones en realidad una sola fe?

El resto de la historia

Si somos justos, debemos concluir que Muhammad cumplió gran parte de las promesas bíblicas del Prometido.

Durante unos 500 años, el islam fue claramente la luz del mundo. En lugares como la India, la luz se extendió hasta el siglo XVI. Bajo el vasto protectorado islámico, cristianos, judíos, musulmanes e hindúes vivían, trabajaban e incluso discutían la teología juntos. En todo el imperio se establecieron leyes y se hizo justicia, y en las grandes ciudades que los musulmanes capturaron o construyeron -Alejandría, Antioquía, Damasco, Bagdad, Córdoba, Granada, Toledo, Tabriz, Lahore, Delhi, Agra y muchas otras- se crearon grandes bibliotecas y universidades, se construyeron hospitales, se atendió a los pobres, avanzaron las ciencias y las artes, se estableció la paz y se construyó parcialmente el Reino de Dios.

Si queremos tener paz en nuestros tiempos debemos conceder al Islam lo que le corresponde y reconocer que no hay más dios que Dios y que Muhammad fue Su mensajero. Sin embargo, hay nuevos mensajeros que considerar. El Sello se ha roto y las profecías se han hecho realidad: el Día Prometido ha llegado. 

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