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Un mensajero divino fue enviado a cada pueblo

John Hatcher | Feb 18, 2021

PARTE 1 IN SERIES El propósito de los profetas de Dios

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John Hatcher | Feb 18, 2021

PARTE 1 IN SERIES El propósito de los profetas de Dios

Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Según el profeta Muhammad, cuyo ministerio comenzó en el año 622 d.C., la doctrina trinitaria, junto con la imagen de Dios en la que se basa, es completamente errónea e incluso blasfema.

Además, si la primera premisa establecida en el Concilio de Nicea en el 325 d.C. era errónea, y Cristo no era de la misma esencia o estación que Dios, entonces toda doctrina basada o derivada de ese silogismo era probable que fuera igualmente defectuosa.

Esto no quiere decir que Muhammad despreciara en ningún sentido a Cristo o al cristianismo.

Muhammad reconoce que Cristo fue una manifestación o mensajero de Dios, que era el mesías, que efectivamente había nacido de una virgen y que María era la mujer más importante de la dispensación cristiana. Pero en el primer plano de la concepción de Muhammad sobre Dios están sus afirmaciones en el Corán que enfatizan la singularidad y la unicidad de Dios. Desde el punto de vista de la creencia islámica, el Creador es exaltado mucho más allá de las limitaciones del lenguaje o de la concepción humana. Además, Muhammad afirmó que Dios es una esencia espiritual indivisible que no puede ser repartida a ningún otro ser, ni siquiera a un profeta o manifestación de Dios.

En este sentido, el Corán ofrece tres temas permanentes especialmente relevantes para nuestro estudio:

1. La afirmación de que sólo hay un Dios, y que quienes añaden dioses a Dios están cometiendo la más grave blasfemia;

2. que Dios siempre ha tenido un plan establecido, duradero y sistemático mediante el cual ha nutrido y guiado a la humanidad a través de una secuencia de mensajeros que aportan nuevas revelaciones o nuevos capítulos en el Libro de Dios en curso; y

3. que Muhammad, cuyo capítulo en ese «Libro» es el propio Corán, es el más reciente de estos mensajeros.

La mayoría de los demás debates doctrinales del Corán están subordinados a uno de estos tres temas centrales.

Muhammad amplió y aclaró la imagen de Dios de forma significativa al hablar extensamente de los diversos «nombres» de Dios, aquellos atributos que aluden a la naturaleza o cualidades inherentes de Dios. Por ejemplo, el Corán describe a Dios como justo, amoroso, indulgente, benéfico y benévolo. Una segunda categoría de los nombres de Dios aludidos en el Corán son las referencias a los poderes de Dios. Por ejemplo, también se le describe como siempre perdonador, omnipotente, omnisciente y omnipresente.

Inseparables de este tema de los nombres o atributos y poderes de Dios son las repetidas alusiones de Muhammad al sistema educativo por el que Dios se ha comprometido a estar siempre en la «presencia» de la humanidad. El medio por el que Dios logra esto es el envío de mensajeros que actúan a petición suya y que ejemplifican o manifiestan perfectamente sus atributos, a pesar de ser persistentemente rechazados, despreciados y perseguidos por la misma gente a la que son enviados para educar y ayudar.

Estos dos temas son aspectos inseparables y recíprocos de una misma tesis. Dios, como ser esencialmente metafísico, no necesita intervenir personalmente en los acontecimientos humanos; sus manos metafísicas no se extienden literalmente para dirigir los asuntos humanos, como se insinúa en el Antiguo Testamento o como se representa en la obra maestra de Miguel Ángel en el techo de la Capilla Sixtina. Ese espacio que se representa en la pintura entre los dedos de Dios y los de Adán, se empalma gracias a los mensajeros a los que Dios da poder para llevar a cabo sus órdenes.

Muhammad llamó a estos Seres «mensajeros» (rasul), y en numerosos surih o capítulos del Corán, catalogó, a menudo en orden cronológico, a algunos de los profetas de Dios que han aparecido en la historia. Una de las recitaciones más conocidas se encuentra en el Surih de Hud, en el que Muhammad señala que cada profeta vino con una prueba clara de su posición y, sin embargo, fue rechazado por la misma gente a quienes se les apareció.

Aunque Muhammad hace hincapié en las historias de los mensajeros de lo que a veces se denomina la línea «abrahámica» de los profetas -los que descienden de Abraham, en contraposición a la línea «dhármica», formada por profetas como Krishna, Buda y, posiblemente, Zoroastro-, también dejó claro que este proceso no se limita a un periodo de tiempo o a un lugar concretos. En el Surih 10:47, Muhammad afirma: «A cada pueblo (fue enviado) un Mensajero: cuando su Mensajero venga (ante ellos), el asunto será juzgado entre ellos con justicia, y no serán perjudicados.»

Las enseñanzas bahá’ís hacen la misma afirmación, e incluso la amplían, como en este pasaje de los escritos de Bahá’u’lláh:

…cada vez que los profetas de Dios han iluminado el mundo con el resplandeciente brillo del Sol de conocimiento divino, invariablemente han emplazado a sus pueblos por los medios que mejor se adaptaran a las exigencias de la época en que aparecieran, a abrazar la luz de Dios. Así fueron capaces de dispersar la oscuridad de la ignorancia y derramar sobre el mundo la gloria de su propio conocimiento. Por consiguiente, es hacia la más íntima esencia de estos profetas que los ojos de todo hombre de discernimiento deben dirigirse, puesto que su único propósito ha sido siempre guiar a los errados y dar paz a los afligidos…

Podemos suponer, en otras palabras, que la oportunidad de recibir orientación y la responsabilidad del pueblo, tribu o nación de reconocer al mensajero divino para la época en que viven y aceptar su guía es universalmente aplicable a todas las regiones de la Tierra, incluso cuando todavía se están desenterrando restos de grandes civilizaciones pasadas, junto con algunas de sus leyes, tradiciones y creencias.

Esta serie de ensayos es una adaptación del libro de John Hatcher The Face of God Among Us, con el permiso del autor y de la editorial. Para adquirir el libro completo, haga clic aquí.

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