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El divorcio: el año de espera bahá’í como proceso de sanación

Serge van Neck | Dic 4, 2021

PARTE 3 IN SERIES Matrimonio y Divorcio

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Serge van Neck | Dic 4, 2021

PARTE 3 IN SERIES Matrimonio y Divorcio

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La sanación es un componente crucial del año de espera bahá’í, independientemente de que la pareja logre el objetivo principal de reconciliarse y reconstruir su matrimonio.

Dado que la armonía, la unidad y el amor son considerados en las enseñanzas bahá’ís como los más altos ideales en las relaciones humanas, cuando un matrimonio produce los efectos contrarios necesitamos tiempo para sanar. Aunque la experiencia de cada persona es diferente, y la gravedad de los problemas que conducen a la ruptura de un matrimonio puede variar mucho, no se puede negar que existe un trauma importante en cualquier conflicto matrimonial o separación. Este trauma primero debe ser reconocido como tal, y luego debe trabajarse en él.

Estar físicamente separados durante el año bahá’í de espera, también llamado año de paciencia, permite que ese proceso ocurra. Abdu’l-Bahá, el hijo y sucesor de Bahá’u’lláh, el profeta y fundador de la fe bahá’í, describió el año de espera de esta manera:

Los amigos (bahá’ís) deben evitar estrictamente el divorcio, a no ser que algo surja entre ellos que los obligue a separarse por la aversión del uno hacia el otro; en este caso, con el conocimiento de la Asamblea Espiritual, ellos pueden optar por la separación. Entonces deben ser pacientes y esperar un año completo. Si durante ese tiempo no se ha restablecido la armonía entre ellos, pueden divorciarse.

Cuando mi esposa y yo entramos en nuestro año de separación, aprendí mucho, no solo sobre nuestra relación y sus impactos, sino sobre mí mismo.

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Lo que comprendí durante mi año de espera

En mi propio matrimonio, la idea de que había sido traumatizado me resultó difícil de aceptar al principio. Durante casi dos décadas había estado lidiando con un problema matrimonial fundamental, nuestras diferentes religiones, y consideraba que mi deber bahá’í era aceptar con radiante aquiescencia cualquier dificultad que esto provocara.

Durante el año de espera, finalmente me di cuenta de que, aunque en retrospectiva no habría cambiado mi actitud, había experimentado, no obstante, un bajo nivel de abuso emocional sostenido durante un largo periodo de tiempo. Como estaba solo, separado de mi esposa, y obligado a contemplar lo que me había llevado a ese punto, reflexioné sobre la dinámica de nuestra relación más de lo que lo había hecho antes. Durante esos momentos de reflexión recordaba situaciones concretas y de repente se me ocurría lo extrañas, y de hecho injustas, que habían sido. Esto, a su vez, hacía que surgieran en mí fuertes sentimientos de resentimiento.

Tuve la suerte de contar con una serie de amigos íntimos, tanto hombres como mujeres, que me ayudaron a superar esta difícil época de innumerables maneras. Cuando le confié a uno de estos amigos que estaba pasando por ataques ocasionales de resentimiento, me dijo: «Bien. Tienes que pasar por eso. Sentirse resentido. Siente realmente el resentimiento. Luego déjalo ir». Seguí este sabio consejo: cuando surgía algún recuerdo que me creaba resentimiento, lo asumía plenamente, me enfadaba por ello, me daba cuenta de que ya no tenía que lidiar con ello, sentía una sensación de alivio y luego lo dejaba ir.

No estoy diciendo que todos los traumas puedan tratarse mediante un proceso tan sencillo. Como he dicho antes, mi ex esposa es una buena persona, y estaba (y sigo estando) convencido de que cualquier trato negativo que recibí de sus manos no fue ni intencionado ni malicioso. Yo mismo no soy ni mucho menos perfecto, por lo que no puedo sugerir que no haya infligido involuntariamente un trato similar a ella. Pero la intención y el impacto son dos cosas diferentes, y tuve que reconocer y afrontar los sentimientos que, por necesidad, pude haber reprimido durante el matrimonio. Me gustaría creer que el año de espera también ha sido útil para mi ex cónyuge.

Reflexionar sobre el pasado, preparar el futuro

Parte del proceso de sanación durante el año de espera implica reflexionar sobre nuestras propias acciones pasadas. Esto incluye hacerse preguntas difíciles como: ¿Cuál fue mi papel en el deterioro y eventual ruptura del matrimonio? ¿Cuáles son los comportamientos problemáticos que puedo identificar dentro de mí y que no deseo llevar a mi matrimonio reconciliado o, en su defecto, a cualquier posible relación futura? Aquí es donde comienza el verdadero trabajo interior psicológico y espiritual.

Ese trabajo espiritual puede producir una reconciliación de otro tipo: la contable. Bahá’u’lláh, en su breve libro de aforismos espirituales Las Palabras Ocultas, escribió:

¡Oh hijo del ser! Pídete cuentas a ti mismo cada día, antes de que seas llamado a rendirlas; pues la muerte te llegará sin aviso y serás llamado a dar cuenta de tus actos.

¿Qué significa rendirnos cuentas a nosotros mismos? ¿Solo nos ocupamos de nuestras debilidades internas, de nuestros débitos? ¿O también tenemos créditos, que se manifiestan como puntos fuertes? ¿Podemos utilizar nuestros puntos fuertes para superar nuestras debilidades? Si es así, no debemos pasarlas por alto y asegurarnos de incluirlas en nuestra contabilidad.

De todos los procesos que tienen lugar durante el año de espera, quizá este trabajo interno sea el más importante, y debe ser exhaustivo. Es mucho más fácil arreglar un coche mientras está aparcado en el garaje que cuando está circulando por la carretera; del mismo modo, el año de espera es la oportunidad perfecta para abordar las tendencias y los comportamientos dentro de nosotros mismos que no son propicios para mantener una relación sana. Aunque este proceso de transformación es profundamente personal, no podemos hacerlo solos. Confiar en una persona de confianza, ya sea un amigo cercano o un consejero profesional, puede ayudar. Pero más que nada necesitamos la ayuda de Aquel que nos conoce y nos ama mejor: nuestro Creador. Bahá’u’lláh nos dice que solo la palabra de Dios es capaz de «convertir la fuerza satánica en poder celestial»:

¿Está dentro del poder humano… producir una transformación tan completa en los elementos constitutivos de cualquiera de las diminutas e indivisibles partículas de materia, como para transmutarlas en oro puro? La tarea aun mayor de convertir fuerza satánica en poder celestial, por desconcertante y difícil que esto parezca, es una tarea que Nosotros hemos sido habilitados para efectuar. La Fuerza capaz de tal transformación supera la potencia del Elíxir mismo. La sola Palabra de Dios puede vindicar la distinción de estar dotada de la capacidad requerida para un cambio tan grande y trascendental.

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Para mí, la oración y el estudio de los escritos bahá’ís desempeñaron un papel fundamental en mi proceso de autoexamen y crecimiento personal.

Según mi experiencia, la ley bahá’í del año de espera no es un mero reloj que empieza a funcionar cuando un matrimonio está casi acabado, sino que es una de las mayores leyes que Bahá’u’lláh nos ha dado para mantener la unidad en la familia y la comunidad, una ley con el poder de salvar matrimonios cuando se invoca en el momento adecuado, y una fuente de curación y crecimiento espiritual incluso cuando no tiene éxito en su misión principal.

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